Alteración de los ritmos como causa de enfermedad

Como hemos visto, a partir de los 35 años, la producción de melatonina empieza a descender como un proceso más del envejecimiento, disminuyendo casi un 50% a los 50 años, lo que implica una disminución muy importante del pico nocturno de melatonina y, en consecuencia, de la información que transporta su ritmo.

Un ejemplo típico para demostrar estos procesos es el ritmo sueño/vigilia. Si a un anciano, que tiene su ritmo de sueño alterado por el propio envejecimiento, le manipulamos su reloj biológico, podemos conseguir que mejore dicho ritmo. Tras la administración de melatonina, estos sujetos refieren una notable mejoría de la calidad del sueño, que se manifiesta por un acortamiento en el inicio del sueño, menor fragmentación nocturna del mismo, y mayor sensación subjetiva de descanso (figura 15). Lo que realmente estamos haciendo con el anciano es que recupere los niveles fisiológicos de melatonina de su juventud, lo que a su vez permite una mejor resincronización de sus neurotransmisores. El resultado de esa resincronización es la mejoría del ciclo sueño/vigilia. Pero también otros estudios han comprobado cómo la capacidad de atención y destreza psicomotora mejoran en el anciano tras la administración de melatonina. Realmente, lo que estamos haciendo no es más que permitirle a ese sujeto recuperar la sincronización interna de sus ritmos que había perdido durante el envejecimiento.

Figura 16: Los trastornos del sueño de origen cronobiótico son fácilmente tratables con melatonina. En el caso de las alteraciones del sueño que aparecen con el envejecimiento, la melatonina mejora significativamente todos los parámetros relacionados con la calidad del sueño.

Que la pérdida de ritmos causa enfermedad, viene avalado por multitud de estudios y marcado por dos hechos importantes. Hacia 1991 la revista Science dedicaba su portada a la melatonina llamándola "La Molécula del Año". Poco después, la misma revista en 1995 titulaba un artículo "Puede el restablecimiento de los ritmos circadianos alterados curar la enfermedad?". Si la pregunta planteada por Science tenía respuesta, ésta vendría dada por la eficacia del tratamiento con melatonina en aquellos casos de enfermedad causada o acompañada de alteración en los ritmos circadianos. Nosotros tuvimos la oportunidad de demostrarlo en el caso de una niña con una epilepsia mioclónica progresiva. Sin respuesta al tratamiento con anticonvulsivantes, esta niña tenía un ritmo circadiano de melatonina con un pico nocturno retrasado 4 horas con respecto al ritmo normal. Esta alteración por sí sola produce una clara alteración de los ritmos de los neurotransmisores cerebrales y de sus receptores, lo cual hacía que la excitabilidad neuronal también se alterase. La paciente, con un cuadro clínico de crisis convulsivas muy importantes, inició el tratamiento con melatonina consiguiéndose en poco tiempo el control de las convulsiones, la normalización de su EEG y una adecuada evolución neurológica y psicomotora.

No se trata éste de un caso esporádico; en otros casos similares de epilepsia infantil, el tratamiento con melatonina mejoró mucho el estado clínico del paciente y, lo que es más importante, se pudieron controlar las convulsiones.

Otra situación típica que cursa con alteración de los ritmos es el llamado "síndrome afectivo estacional". Se trata de un trastorno estacional, con fases de euforia y depresión, que muestra una alteración en determinados ritmos endocrinos, como el de ACTH/cortisol, y que presenta un retraso de fase del pico nocturno de melatonina. El tratamiento con melatonina para corregir ese desfase restaura el patrón normal del ritmo circadiano de melatonina, que a su vez resincroniza los demás ritmos alterados, y restaura la conducta normal.

Figura 17: El síndrome afectivo estacional es un ejemplo de patología de tipo cronobiótico, que responde muy bien al tratamiento con melatonina.

Estos son sólo algunos ejemplos del potencial terapéutico de la melatonina en los trastornos del ritmo, asociados o no a otras patologías más severas.

Nuestros servicios

El insomnio y, en general, el trastorno del ritmo sueño/vigilia, refleja una alteración más profunda del reloj biológico, que está relacionado con muchas otras patologías como fibromialgia y fatiga crónica, astenia, trastornos metabólicos, hormonales y desequilibrios de la nutrición, enfermedades neurodegenerativas e inflamatorias, cáncer, así como el envejecimiento y patológico.

Mediante una serie de pruebas que se indican abajo, en el IiMEL evaluamos la función del reloj biológico, los trastornos de los ritmos circadianos y de la producción de melatonina, así como las causas de las alteraciones del sueño, identificamos su relación con otras patologías antes citadas, y proponemos el tratamiento adecuado.

  • Calidad del sueño

    Ya que el ritmo sueño/vigilia refleja directamente cómo está funcionando el reloj biológico, una correcta evaluación de la calidad de sueño requiere el análisis de la estructura (cronotipo) y funcionamiento del reloj biológico endógeno, y su relación con la alteración de los ritmos biológicos, o cronodisrupción.

    Nos permite identificar las causas y el tipo de cronodisrupción, para proceder a su reparación y restaurar el ritmo del sueño.


  • Niveles de melatonina

    El análisis de la melatonina se puede realizar en orina (midiendo 6-sulfatoximelatonina), suero o saliva. La saliva es la mejor opción y menos invasiva, ya que refleja con total seguridad sus niveles en sangre. La determinación de los niveles de melatonina en saliva a lo largo de las 24 horas refleja el fenotipo circadiano.

    De esta forma, conocemos si existen trastornos en la amplitud, duración, y adelanto o retraso de fase en el fenotipo circadiano de los ritmos con respecto al ritmo ideal representado por el cronotipo genético, para proceder a normalizarlo.


  • Proceso de envejecimiento

    Ya que el envejecimiento se inicia con un proceso de cronodisrupción, continúa con una fase de activación inmunitaria, sigue con aumento de estrés oxidativo, y termina con disfunción mitocondrial, valoramos aquí el daño oxidativo y defensa antioxidante, el daño nitrosativo y la activación inflamatoria, y la función mitocondrial.

    Podemos conocer de esta forma la magnitud del proceso de envejecimiento, para proponer medidas correctoras y preventivas.


  • Estrés oxidativo y potencial antioxidante

    Determinamos los marcadores de daño oxidativo a lípidos y proteínas, así como la actividad de los sistemas endógenos de defensa antioxidante, así como la capacidad de generación de agentes reductores a nivel intracelular y extracelular, cuyo funcionamiento, en tándem, nos da una visión global del potencial antioxidante del organismo.

    Con estos datos, identificamos en qué lugar o lugares del tándem antioxidante/reductor se encuentra el fallo que lleva al acúmulo de radicales libres. Entonces, podemos corregir y compensar esos defectos de manera adecuada para lograr el estado de equilibrio oxidativo.


  • Potencial antiinflamatorio

    Para valorar el potencial y capacidad de respuesta y activación inflamatorias, medimos aquí diversos parámetros de la respuesta de la inmunidad innata, desde la generación de óxido nítrico y el daño nitrosativo, hasta los niveles de citoquinas pro- y antiinflamatorias.

    Estos datos nos dan una visión global de cuál es el grado de activación del sistema inmunitario, proporcionándonos la información necesaria para su corrección.


  • Función mitocondrial

    La función mitocondrial está directamente ligada a la formación de radicales libres, por lo que se pude dañar fácilmente. Aquí determinamos diversos marcadores en suero y en células mononucleares periféricas, incluyendo melatonina y CoQ10, que nos indican la salud de la función mitocondrial.

    Estos estudios nos permiten restaurar la mitocondria, que es es la central bioenergética de la célula, cuyo funcionamiento es crítico para que el organismo responda de manera saludable en cada momento.


  • Otros marcadores del estado de salud

    Los niveles de hormonas, que disminuyen con la edad y ante determiandos tratamietnos farmacológicos; el contenido en microelementos, necesarios para el buen funcionamiento del organismo; los niveles de vitaminas, así como el acúmulo de toxinas, están directamente relacionados con el envejecimiento y enfermedades asociadas al mismo.

    La determinación de esos parámetros o de alguno de ellos nos es importante identificar muchos estados carenciales y/o tóxicos, que permitirá un adecuado diagnóstico del estado de salud y tomar las medidas correctoras adecuadas.


  • Informe personalizado y tratamiento

    Con las determinaciones realizadas aquí, tenemos un criterio importante para diagnosticar el problema de salud, realizar un informe personalizado en cada caso, y plantear una pauta de tratamiento específico, que devuelva la normalidad a aquellas situaciones que se identifiquen como alteradas.

    El fin último del IiMEL es identificar y corregir los problemas de salud mediante los análisis más específicos y menos invasivos, y las terapias más concretas para realizar un tratamiento definido y personalizado.