Epilepsia

La epilepsia es una enfermedad crónica del sistema nervioso, que se presenta entre un 0.5 y 3% de la población general, y que se caracteriza por episodios críticos recurrentes denominados crisis epilépticas. La crisis epiléptica es una descarga paroxística, hipersincrónica, excesiva e incontrolada de un gran número de neuronas. Estas neuronas hiperexcitables son capaces de desencadenar una actividad sináptica excitadora excesiva a través de descargas de potenciales de acción de frecuencia muy alta. Esta hiperactividad neuronal puede quedar circunscrita a una determinada área o bien propagarse y extenderse a áreas vecinas o distantes del foco original. En cada crisis se aprecia: a) una sintomatología clínica que afecta al estado de conciencia, a la actividad motora o a la actividad sensorial, y b) unos signos o patrones detectables en el trazado del electroencefalograma. La enorme variedad de estos síntomas y signos ha dado origen a formas muy diversas de crisis.

Durante las crisis epilépticas puede haber: 1) un incremento de los mecanismos excitadores sinápticos mediados por el glutamato a través del receptor N-metil-D-aspartato (NMDA); 2) una disminución de los mecanismos inhibidores, sobre todo de la inhibición sináptica producida por el ácido gamma-aminobutírico (GABA); 3) un incremento de las descargas neurales endógenas, producidas habitualmente por el aumento de las corrientes de calcio dependientes de voltaje. Indudablemente, hay alteraciones en otros neurotransmisores directa o indirectamente derivados de esos procesos. También, durante la descarga excitadora aumenta la concentración extracelular de potasio y disminuye la de calcio. Estas dos modificaciones producen un efecto muy profundo sobre la excitabilidad neuronal y la liberación de neurotransmisores, así como sobre el metabolismo neuronal.

Además, la mitocondria juega un papel central en la excitotoxicidad neuronal. La intensa actividad de los receptores de glutamato, resulta en una acumulación tóxica de calcio en el citosol, y la mitocondria lo capta con el fin de reducir su toxicidad. Pero a su vez, esta acumulación intramitocondrial de calcio ocasiona un aumento de la producción de radicales libres, que dañan a la propia mitocondria produciendo un daño severo a las neuronas. También los radiales libres mitocondriales desencadenan la activación de procesos inflamatorios locales que colaboran al daño neuronal.

Tratamiento de la epilepsia:

El tratamiento de la enfermedad de la epilepsia consiste en impedir la génesis de la descarga epiléptica e impedir o dificultar su difusión. Aunque existe una gran cantidad de fármacos antiepilépticos, todavía no existe una forma farmacológica definitiva para controlar ciertos tipos de epilepsia, y sólo en algunos de estos casos la neurocirugía puede ser útil.

MELATONINA Y EPILEPSIA

La melatonina es un importante regulador del SNC, estabilizando la actividad eléctrica neuronal. Esta acción inhibidora de la melatonina refleja sus propiedades anticonvulsivantes y sedantes. En animales de experimentación, la melatonina inhibe la excitación neuronal producida por la activación de neurotransmisor excitador glutamato sobre los receptores NMDA y estimula la actividad del neurotransmisor inhibidor GABA. Es importante saber que la melatonina inhibe la actividad excitadora y estimula la inhibidora por la noche, que es cuando aquella se produce normalmente. Por eso, la melatonina regula el ritmo circadiano de los neurotransmisores receptores excitadores e inhibidores el cerebro, manteniendo la correcta sincronización entre ellos a lo largo de las 24 horas del día. Además, la melatonina tiene un efecto protector antioxidante y antiinflamatorio en el cerebro, tanto a nivel celular como mitocondrial, que contribuye a sus efectos anticonvulsivantes. A estas acciones, hay que sumar el efecto inhibidor de la melatonina sobre la actividad de la óxido nítrico sintasa (NOS), reduciendo la producción de óxido nítrico y la excitación neuronal, lo que contribuye a su actividad anticonvulsivante.

Estos datos y muchos otros similares sirvieron de base para el uso de la melatonina en la clínica. En 1995, utilizamos por primera vez la melatonina en una niña de 24 meses de edad con epilepsia mioclónica progresiva. En este caso, el tratamiento clásico anticonvulsivante era inefectivo y la paciente era fármacorresistente. La administración de melatonina redujo de forma significativa la frecuencia e intensidad de las convulsiones, hasta desaparecer prácticamente por completo (Figura 1) a los dos meses de iniciado el tratamiento.

Figura 1: Efecto de la melatonina sobre la actividad eléctrica cerebral (EEG) de la paciente con epilepsia.

Si se retirabala melatonina, las convulsiones regresaban, pero desaparecían de nuevo al poco tiempo de volver a administrar la melatonina. El efecto de la melatonina, en este caso, dependió en parte de la resincronización interna de su propio ritmo endógeno, que estaba alterado por la epilepsia y presentaba un retraso de fase de unas 4 horas con respecto al ritmo normal de niños sanos de la misma edad (Figura 2). La normalización del ritmo de melaotnina a su vez permitió resincronizar los ritmos de los neurotransmisores cerebrales y de sus receptores, entre otros los de GABA-Benzodiacepina (GABA-BNZ) y glutamato. Por otro lado, a la dosis usada, la melatonina también contrarresta el estrés oxidativo e inflamatorio, restaurando la función mitocondrial e impidiendo el daño y muerte neuronal. De esta forma, no sólo se contrarrestan las crisis convulsivas, sino que se restablecen los ritmos endógenos normalizándose la función circadiana.

Figura 2: La paciente con epilepsia presentaba un retraso de fase de unas 4 horas (flecha azul), con respecto a la acrofase normal para niños de su edad (flechas rojas). La administración de melatonina a las dosis y pautas horarias que se indican consiguió normalizar el ritmo endógeno.

Por tanto, la combinación de la melatonina con otros anticonvulsivantes puede ser de gran utilidad en la clínica ya que existe un efecto sinérgico y adicional de la melatonina muy importante para el control de la epilepsia.

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Nuestros servicios

El insomnio y, en general, el trastorno del ritmo sueño/vigilia, refleja una alteración más profunda del reloj biológico, que está relacionado con muchas otras patologías como fibromialgia y fatiga crónica, astenia, trastornos metabólicos, hormonales y desequilibrios de la nutrición, enfermedades neurodegenerativas e inflamatorias, cáncer, así como el envejecimiento y patológico.

Mediante una serie de pruebas que se indican abajo, en el IiMEL evaluamos la función del reloj biológico, los trastornos de los ritmos circadianos y de la producción de melatonina, así como las causas de las alteraciones del sueño, identificamos su relación con otras patologías antes citadas, y proponemos el tratamiento adecuado.

  • Calidad del sueño

    Ya que el ritmo sueño/vigilia refleja directamente cómo está funcionando el reloj biológico, una correcta evaluación de la calidad de sueño requiere el análisis de la estructura (cronotipo) y funcionamiento del reloj biológico endógeno, y su relación con la alteración de los ritmos biológicos, o cronodisrupción.

    Nos permite identificar las causas y el tipo de cronodisrupción, para proceder a su reparación y restaurar el ritmo del sueño.


  • Niveles de melatonina

    El análisis de la melatonina se puede realizar en orina (midiendo 6-sulfatoximelatonina), suero o saliva. La saliva es la mejor opción y menos invasiva, ya que refleja con total seguridad sus niveles en sangre. La determinación de los niveles de melatonina en saliva a lo largo de las 24 horas refleja el fenotipo circadiano.

    De esta forma, conocemos si existen trastornos en la amplitud, duración, y adelanto o retraso de fase en el fenotipo circadiano de los ritmos con respecto al ritmo ideal representado por el cronotipo genético, para proceder a normalizarlo.


  • Proceso de envejecimiento

    Ya que el envejecimiento se inicia con un proceso de cronodisrupción, continúa con una fase de activación inmunitaria, sigue con aumento de estrés oxidativo, y termina con disfunción mitocondrial, valoramos aquí el daño oxidativo y defensa antioxidante, el daño nitrosativo y la activación inflamatoria, y la función mitocondrial.

    Podemos conocer de esta forma la magnitud del proceso de envejecimiento, para proponer medidas correctoras y preventivas.


  • Estrés oxidativo y potencial antioxidante

    Determinamos los marcadores de daño oxidativo a lípidos y proteínas, así como la actividad de los sistemas endógenos de defensa antioxidante, así como la capacidad de generación de agentes reductores a nivel intracelular y extracelular, cuyo funcionamiento, en tándem, nos da una visión global del potencial antioxidante del organismo.

    Con estos datos, identificamos en qué lugar o lugares del tándem antioxidante/reductor se encuentra el fallo que lleva al acúmulo de radicales libres. Entonces, podemos corregir y compensar esos defectos de manera adecuada para lograr el estado de equilibrio oxidativo.


  • Potencial antiinflamatorio

    Para valorar el potencial y capacidad de respuesta y activación inflamatorias, medimos aquí diversos parámetros de la respuesta de la inmunidad innata, desde la generación de óxido nítrico y el daño nitrosativo, hasta los niveles de citoquinas pro- y antiinflamatorias.

    Estos datos nos dan una visión global de cuál es el grado de activación del sistema inmunitario, proporcionándonos la información necesaria para su corrección.


  • Función mitocondrial

    La función mitocondrial está directamente ligada a la formación de radicales libres, por lo que se pude dañar fácilmente. Aquí determinamos diversos marcadores en suero y en células mononucleares periféricas, incluyendo melatonina y CoQ10, que nos indican la salud de la función mitocondrial.

    Estos estudios nos permiten restaurar la mitocondria, que es es la central bioenergética de la célula, cuyo funcionamiento es crítico para que el organismo responda de manera saludable en cada momento.


  • Otros marcadores del estado de salud

    Los niveles de hormonas, que disminuyen con la edad y ante determiandos tratamietnos farmacológicos; el contenido en microelementos, necesarios para el buen funcionamiento del organismo; los niveles de vitaminas, así como el acúmulo de toxinas, están directamente relacionados con el envejecimiento y enfermedades asociadas al mismo.

    La determinación de esos parámetros o de alguno de ellos nos es importante identificar muchos estados carenciales y/o tóxicos, que permitirá un adecuado diagnóstico del estado de salud y tomar las medidas correctoras adecuadas.


  • Informe personalizado y tratamiento

    Con las determinaciones realizadas aquí, tenemos un criterio importante para diagnosticar el problema de salud, realizar un informe personalizado en cada caso, y plantear una pauta de tratamiento específico, que devuelva la normalidad a aquellas situaciones que se identifiquen como alteradas.

    El fin último del IiMEL es identificar y corregir los problemas de salud mediante los análisis más específicos y menos invasivos, y las terapias más concretas para realizar un tratamiento definido y personalizado.