Depresión

Las alteraciones depresivas constituyen un grupo heterogéneo de patologías que se caracterizan por una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales. Entre otros, las alteraciones del reloj biológico endógeno en general, responsable de la organización de nuestros ritmos circadianos y, en particular, las alteraciones del ritmo sueño/vigilia y de la producción de melatonina, constituyen las bases para nuevos tipos de tratamiento de las patologías depresivas.

El estudio de la función de la glándula pineal y de los ritmos circadianos en diversas patologías psiquiátricas ha sido frecuente en las dos últimas décadas. Tras comprobarse una modificación de las concentraciones plasmáticas de melatonina en personas con trastornos afectivos estacionales, son numerosas las alteraciones psiquiátricas en cuya etiopatogenia se ha implicado la disfunción de la glándula pineal. Así, se describieron aumentos de los niveles de melatonina en trastornos alimenticios, como la bulimia y la anorexia. Por el contrario, en pacientes que sufren ataques de pánico, trastornos obsesivos compulsivos y en esquizofrénicos se observó un descenso de esta hormona, habiéndose propuesto la medida de las concentraciones plasmáticas de melatonina como marcador de estas alteraciones.

Entre dichas patologías, la depresión mayor tiene especial relevancia por el amplio grupo de población al que afecta. Es muy frecuente que estos pacientes presenten alteraciones del apetito, del estado de ánimo y del sueño, por eso hay un creciente interés en el estudio de la relación entre depresión y disfunción de la producción de la melatonina. En este sentido, existen ya datos en la bibliografía que describen una disminución de los niveles de melatonina en los pacientes depresivos y, lo que seguramente es más importante, la aparición de picos o aumentos bruscos de corta duración de la melatonina plasmática durante el día. También se observa un desfase temporal en la aparición del pico nocturno de melatonina, que puede estar adelantado o retrasado.

De especial relevancia es también la situación clínica denominada trastorno afectivo estacional (TAE), también llamado depresión estacional, y descrita inicialmente por Norman E Rosenthal en 1984. Este trastorno, se considera hoy en día no sólo un síndrome per se, sino también un determinante de la depresión mayor (DSMD-IV). Se trata de cambios de humor graves que se desencadenan en invierno, cuando hay menos horas de luz solar, y mejoran en primavera/verano. Tristeza, pesimismo, culpabilidad, pérdida de interés, insomnio, alteraciones ritmo actividad/reposo y sueño/vigilia son, entre otras, manifestaciones típicas que llevan a una disminución severa de las actividades y capacidades laborales. Este síndrome se asocia a una alteración del reloj biológico, que generalmente se refleja en un retraso en la fase de la producción de melatonina.

Las causas que generan las alteraciones de los niveles de melatonina en plasma en los pacientes con depresión mayor son desconocidas. Podrían deberse a alteraciones del metabolismo de la serotonina y/o a alteraciones que afectan a los receptores de noradrenalina. Actualmente se piensa también que la causa puede estar en una alteración primaria del funcionamiento del reloj biológico, que a su vez se refleja en la alteración del ritmo de expresión de los genes que lo controlan.

Considerando que la melatonina se produce a partir de la serotonina, parece lógico que un déficit de serotonina se traduzca en una disminución de la producción de melatonina. Esta hipótesis también sería válida para aquellas patologías en las que hay un descenso en la serotonina, como el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno de angustia y el alcoholismo, en los que también se encontraron modificaciones en las concentraciones plasmáticas de melatonina. Respecto a la norepinefrina, la disminución de su liberación en los terminales noradrenérgicos conlleva una menor estimulación de los receptores α1 y β1 del pinealocito y, en consecuencia, una menor producción de melatonina.

USO TERAPÉUTICO DE LA MELATONINA EN PSIQUIATRÍA

Las alteraciones del sueño y del ritmo sueño/vigilia son una de las causas principales de la fisiopatología de los trastornos depresivos. En consecuencia, un fármaco que sea capaz de regular el ritmo sueño/vigilia y contrarrestar la sintomatología depresiva sería el antidepresivo ideal. Por ello, son numerosos los trabajos que indican que la melatonina puede ser eficaz en el tratamiento de enfermos con depresión, hecho que se ve reforzado por el descenso en las concentraciones de melatonina en estas personas.

Aunque algunos trastornos, como el TAE, pueden tratarse con fototerapia, casi la mitad de las personas con TAE no responde a la terapia con luz. Los antidepresivos y psicoterapia pueden reducir los síntomas de TAE, ya sean solos o en combinación con fototerapia. La alternativa es el uso de melatonina que, administrada a determinadas horas del día, va a corregir el retraso de fase del reloj biológico presente en estos pacientes, normalizándolos (Figura 1).

Figura 1: Con la administración de melatonina a determinadas horas podemos conseguir adelantar la fase de su ritmo endógeno y así contrarrestarlas manifestaciones del TAE.

Recientemente, se ha puesto en el mercado un fármaco antidepresivo nuevo, derivado de la melatonina, con una eficacia antidepresivas muy buena. Este fármaco, agomelatina, combina su actividad antidepresiva con la de regulación del sueño. Puede incluso combinarse con la melatonina para promover más eficientemente el control de los ritmos circadianos.

Finalmente, el uso de la melatonina puede mejorar los estados depresivos y ansiolíticos por otros mecanismos adicionales. Por un lado, la melatonina tiene ciertos efectos ansiolíticos, como otros fármacos (benzodiazepinas), aunque carece de los efectos secundarios de éstos. Aumenta la neurotransmisión GABAérgica, y regula el ritmo circadiano de los receptores GABAA a nivel cortical. Por otro lado, la melatonina estimula la neurogénesis adulta, un efecto que se ha visto también producido por la agomelatina y, estos efectos a nivel del hipocampo, están relacionados con sus acciones ansiolíticas y antidepresivas.

BIBLIOGRAFÍA

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Nuestros servicios

El insomnio y, en general, el trastorno del ritmo sueño/vigilia, refleja una alteración más profunda del reloj biológico, que está relacionado con muchas otras patologías como fibromialgia y fatiga crónica, astenia, trastornos metabólicos, hormonales y desequilibrios de la nutrición, enfermedades neurodegenerativas e inflamatorias, cáncer, así como el envejecimiento y patológico.

Mediante una serie de pruebas que se indican abajo, en el IiMEL evaluamos la función del reloj biológico, los trastornos de los ritmos circadianos y de la producción de melatonina, así como las causas de las alteraciones del sueño, identificamos su relación con otras patologías antes citadas, y proponemos el tratamiento adecuado.

  • Calidad del sueño

    Ya que el ritmo sueño/vigilia refleja directamente cómo está funcionando el reloj biológico, una correcta evaluación de la calidad de sueño requiere el análisis de la estructura (cronotipo) y funcionamiento del reloj biológico endógeno, y su relación con la alteración de los ritmos biológicos, o cronodisrupción.

    Nos permite identificar las causas y el tipo de cronodisrupción, para proceder a su reparación y restaurar el ritmo del sueño.


  • Niveles de melatonina

    El análisis de la melatonina se puede realizar en orina (midiendo 6-sulfatoximelatonina), suero o saliva. La saliva es la mejor opción y menos invasiva, ya que refleja con total seguridad sus niveles en sangre. La determinación de los niveles de melatonina en saliva a lo largo de las 24 horas refleja el fenotipo circadiano.

    De esta forma, conocemos si existen trastornos en la amplitud, duración, y adelanto o retraso de fase en el fenotipo circadiano de los ritmos con respecto al ritmo ideal representado por el cronotipo genético, para proceder a normalizarlo.


  • Proceso de envejecimiento

    Ya que el envejecimiento se inicia con un proceso de cronodisrupción, continúa con una fase de activación inmunitaria, sigue con aumento de estrés oxidativo, y termina con disfunción mitocondrial, valoramos aquí el daño oxidativo y defensa antioxidante, el daño nitrosativo y la activación inflamatoria, y la función mitocondrial.

    Podemos conocer de esta forma la magnitud del proceso de envejecimiento, para proponer medidas correctoras y preventivas.


  • Estrés oxidativo y potencial antioxidante

    Determinamos los marcadores de daño oxidativo a lípidos y proteínas, así como la actividad de los sistemas endógenos de defensa antioxidante, así como la capacidad de generación de agentes reductores a nivel intracelular y extracelular, cuyo funcionamiento, en tándem, nos da una visión global del potencial antioxidante del organismo.

    Con estos datos, identificamos en qué lugar o lugares del tándem antioxidante/reductor se encuentra el fallo que lleva al acúmulo de radicales libres. Entonces, podemos corregir y compensar esos defectos de manera adecuada para lograr el estado de equilibrio oxidativo.


  • Potencial antiinflamatorio

    Para valorar el potencial y capacidad de respuesta y activación inflamatorias, medimos aquí diversos parámetros de la respuesta de la inmunidad innata, desde la generación de óxido nítrico y el daño nitrosativo, hasta los niveles de citoquinas pro- y antiinflamatorias.

    Estos datos nos dan una visión global de cuál es el grado de activación del sistema inmunitario, proporcionándonos la información necesaria para su corrección.


  • Función mitocondrial

    La función mitocondrial está directamente ligada a la formación de radicales libres, por lo que se pude dañar fácilmente. Aquí determinamos diversos marcadores en suero y en células mononucleares periféricas, incluyendo melatonina y CoQ10, que nos indican la salud de la función mitocondrial.

    Estos estudios nos permiten restaurar la mitocondria, que es es la central bioenergética de la célula, cuyo funcionamiento es crítico para que el organismo responda de manera saludable en cada momento.


  • Otros marcadores del estado de salud

    Los niveles de hormonas, que disminuyen con la edad y ante determiandos tratamietnos farmacológicos; el contenido en microelementos, necesarios para el buen funcionamiento del organismo; los niveles de vitaminas, así como el acúmulo de toxinas, están directamente relacionados con el envejecimiento y enfermedades asociadas al mismo.

    La determinación de esos parámetros o de alguno de ellos nos es importante identificar muchos estados carenciales y/o tóxicos, que permitirá un adecuado diagnóstico del estado de salud y tomar las medidas correctoras adecuadas.


  • Informe personalizado y tratamiento

    Con las determinaciones realizadas aquí, tenemos un criterio importante para diagnosticar el problema de salud, realizar un informe personalizado en cada caso, y plantear una pauta de tratamiento específico, que devuelva la normalidad a aquellas situaciones que se identifiquen como alteradas.

    El fin último del IiMEL es identificar y corregir los problemas de salud mediante los análisis más específicos y menos invasivos, y las terapias más concretas para realizar un tratamiento definido y personalizado.